El pirata (clandestino), en euskera dícese 'Ichaslapurra', es un ladrón de la mar, sujeto cruel y despiadado. Pero también robaba tierra adentro, dejando como salida cercana la costa. Sus golpes eran certeros y rápidos, pues el número de embarcados no era grande. De tiempos muy lejanos es la práctica de la piratería que, parece ser, empezó en los ríos. Actualmente aún se da en algunos de Sudamérica y Asia, también en ciertas zonas de la mar de la China.
Muchas civilizaciones antiguas sufrieron estos vendavales humanos venidos de la mar, viendo cómo sus flotas y puertos costeros eran arrasados, sus habitantes supervivientes vendidos como esclavos, convertidos en galeotes o devueltos a su lugar después de pagar un rescate. En tierras vascas, las distintas invasiones hacían que los autóctonos huyeran hacia el interior y no fue hasta la venida de los romanos, cuando el vasco se asienta definitivamente en la costa. Dejaron éstos impronta léxica en el euskera, palabras como portu, portuondo, provienen del latín, igualmente topónimos como Portugalete, Deva (Divae), Forua (Forum), Nervión (Nervae), Getaria (Cetaria), etcétera.
La primera referencia que atestigua la existencia de piratas vascos esta fechada en 1304, aunque los primeros conocidos fueron los vizcaínos Antón de Garay y Pedro de Larraondo que a comienzos del siglo XV asaltaron mercantes, práctica por la que fueron ejecutados.
Ya en el siglo XIV, Eduardo III de Inglaterra se enfrentó a los corsarios y piratas vascos, pero la época dorada del corso y piratería vasca fue el siglo XVI, y el siglo XVII.
Piratas conocidos fueron: Antón de Garay,Lope de Aguirre, Pedro de Larraondo, Juan Perez de Casa, Michel le basque, Pellot, Suhigaraychipi, Matxín (que aparece en algunos textos como Matxín de Bermeo, Matxín de Mungía, o Matxín de Plentzia).
“Los armadores, desesperados por las pérdidas habidas entre pirateo, impuestos por derecho de peaje y comercio y por las guerras sostenidas entre reyes de distintos países, necesitan proteger el negocio de alguna forma. Se inventa el corso (carrera), que consiste en expediciones de buques mercantes con permiso de su gobierno (patente de corso, en España más frecuentemente llamado licencias o cartas de represalia) para perseguir piratas o embarcaciones enemigas siguiendo las leyes de la guerra. Algunos navíos llevaban a bordo un escribano que daba testimonio de las capturas, velando así por los intereses de la Corona en el reparto. Todo este asunto originó una legislación al respecto extensísima y cambiante según los tiempos.”.
“El corso fue de grandísima importancia en la economía de muchos países y el vasco no perdió ocasión para hacer de ello una forma de vida, cuyo origen está en su propio comercio medieval. En la época bajo medieval la flota vizcaína actúa de transportista-comerciante y como pirata (B. Arizaga). Todos estos avatares confieren unas características particulares a las villas costeras vascas que eran pequeñas, no formando grandes metrópolis como en otros países. Además, como en el Cantábrico los vientos entran por el noroeste, los puertos se construían al socaire de un cabo sito al oeste y el refugio mirando al este, dificultando mucho el ser atacados”.
Un claro ejemplo de estas afirmaciones de Laburu y Rvaya lo podemos ver en la villa de Plentzia, que se dedicaba a la construcción de galeones en la actual plaza del Astillero (ganada a la ría) donde se ubicaba un astillero que da hoy día nombre al lugar y a la ría de Plentzia, por la que al parecer se movía Matxín de Mungía o de Plentzia. (La ría unía Mungia con Plentzia dándole salida al mar).